De vuelta al nido: El regreso a casa de los padres en la adultez

Gestionar el impacto emocional, la pérdida de autonomía y los roles familiares.

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Volver a casa de los padres

La sociedad cambia y, con ella, los ritmos y circunstancias. Situaciones que hace un tiempo eran impensables hoy son una realidad. Una de ellas, es la que se aborda en este artículo: volver al nido, regresar a casa de los padres. 

Esta situación puede experimentarse como un “fracaso”, especialmente cuando comparamos nuestra situación con la de, por ejemplo, nuestros padres. Sin embargo, olvidamos que esta situación se debe al contexto socioeconómico actual en el que nos encontramos (cambios y dificultades laborales, dificultades en la emancipación, rupturas de pareja, etc.).

El impacto psicológico de volver al nido

Volver a la casa de nuestros padres puede generar un torbellino de emociones contradictorias. Por una parte, la seguridad, el refugio y el agradecimiento (en los casos en los que la relación con los padres siempre haya sido buena). En los casos donde la infancia fue buena, puede haber incluso una comodidad a la hora de volver a casa, especialmente en aquellos casos donde “se te daba todo hecho”. Por otro lado, una sensación de “vuelta atrás” y una pérdida de la autonomía ya conseguida. Es difícil asumir el no poder cumplir con “la expectativa de la vida adulta”. Esto puede generar culpa, vergüenza y sentimiento de poca valía.

Esto aún puede ser más difícil de asumir para aquellas personas que regresan y cuya relación con sus padres no era buena, puesto que pueden reactivarse heridas del pasado así como la frustración y ansiedad por “tener que tragar” por no poder permitirse otra opción para vivir. 

Además, es habitual que cuando se vuelva al domicilio familiar vuelvan a desarrollarse antiguos roles, especialmente de los padres a los hijos, centrados en la sobreprotección y el control. Para quien vuelve a casa esta situación le puede generar un duelo de su privacidad, autonomía e incluso rutina. 

En algunos casos, precisamente el haber abandonado el domicilio familiar es lo que hace que mejore la relación con los padres y volver al mismo hace que vuelvan a existir tensiones que creíamos resueltas. De hecho, regresar al domicilio familiar puede traer ciertos reproches por parte de los padres tipo “ahora sí nos necesitas” o “tendrías que habernos escuchado y ahora no estarías aquí de nuevo”. Esto hace que puedan despertar también sentimientos de rabia además de frustración. 

También es posible que en algunos casos los padres intenten triangular al hijo mediando en conflictos de la relación de pareja o pidiéndole un posicionamiento a favor de uno u otro, generando ansiedad.

¿Qué podemos hacer si nos vemos en esta situación?
  • Establecer acuerdos de convivencia. Qué aporta cada cual, cómo se reparten las tareas del hogar, quién compra, etc. 
  • Comunicación asertiva. Límites y necesidades de cada parte. Ya no hay una relación de adulto-infante, sino de adulto-adulto. 
  • Tener compasión hacia sí mismo. Ser conscientes de que esta situación forma parte de la vida actual en algunos casos y del por qué hemos tenido que tomar esta decisión, sabiendo que no es algo que vaya a definirnos. 
  • Mantener vida fuera del hogar. Continuar con las actividades que tenías antes de cambiar el domicilio y no perder el foco de tu objetivo vital. 

Es importante valorar esta situación como un paréntesis que nos puede dar la oportunidad para darle más sentido a nuestro proyecto (porque nos vaya a permitir ahorrar económicamente, repartir tareas, re-vincularnos con nuestra familia, etc.). Si la vuelta a casa está siendo más dura de lo que pensabas, no dudes en contactar conmigo.

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